viernes, 28 de noviembre de 2008
El Rey Anturio II estaba a punto de dar la orden de ejecución para penar a una cortesana que había robado unas monedas de oro.
Cuando, entonces, la ratera grito: Espere, hago lo que su majestad ordene, pero no me mate. El rey miro a la cortesana y le dijo: quiero que satisfaga mis deseos, los más sublimes y los más perversos. Quiero que me haga el hombre más feliz en este mundo, que logre todo eso en mí, pero que jamás consiga enamorarme de usted. La corteza contesto: entregarme a usted, rey mío.
… Luego de un tiempo Rita (la cortesana) hacia todo lo que el rey ordenaba. Lo que hiciese o dejase de hacer debía producir felicidad y magia en su majestad. A este le fue imposible no corromperse, y termino enamorándose de la muchacha.
El rey Anturio II ordeno que cortasen la cabeza de su amada.
Cuando, entonces, la ratera grito: Espere, hago lo que su majestad ordene, pero no me mate. El rey miro a la cortesana y le dijo: quiero que satisfaga mis deseos, los más sublimes y los más perversos. Quiero que me haga el hombre más feliz en este mundo, que logre todo eso en mí, pero que jamás consiga enamorarme de usted. La corteza contesto: entregarme a usted, rey mío.
… Luego de un tiempo Rita (la cortesana) hacia todo lo que el rey ordenaba. Lo que hiciese o dejase de hacer debía producir felicidad y magia en su majestad. A este le fue imposible no corromperse, y termino enamorándose de la muchacha.
El rey Anturio II ordeno que cortasen la cabeza de su amada.
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